Hola amig@s:
Hoy voy a contaros la historia de un pescador tenaz y cabezota, que combatió las dificultades que el camino le iba poniendo a sus pies, con todos los medios de que disponía a su alcance y sin importarle el resultado final, ya que como los sabios le decían, "en el sendero habrás de encontrar lo preciado... y no así en el objetivo final".
Amanecía un día oscuro y frío de Enero, allá por el reino de las costas cantábricas, donde los dioses enfurecidos castigaban a los barcos pesqueros con olas gigantes y vientos atronadores. Todas las señales indicaban que sería otra jornada tranquila de reposo a la luz de la chimenea, arropado entre viejas historias de enormes pescatas e ilusos futuros de grandes capturas. Pero la aventura corría incesante por las venas y ese empuje es más fuerte que cualquier lógica aplastante. Así pues, y con la palabra precaución grabada en la frente, nuestro amigo pescador cogió sus bártulos y se encaminó decidido hacia la costa. Hoy de nuevo pasaría de ser contador de historias a personaje protagonista.
Al llegar al faro, observó la fuerza estremecedora de aquellas olas gigantes y se dio cuenta de que no estaba preparado para tal furia. Debía discurrir algo y usar el ingenio para engañarlas.
Repasó rápidamente todo el repertorio de escondites y lugares que conocía por la zona y pronto recordó uno que sin duda estaría al resguardo de aquella sobrecogedora violencia y donde intuía que en condiciones excepcionales como aquellas, los peces le estarían esperando hambrientos y voraces.
La bajada fue larga y dura, entre rocas mojadas y grietas resbaladizas, pero al final y con gran determinación consiguió llegar a su destino. La decepción fue mayúscula al observar que había podido engañar a las predecibles olas, pero no así a los escurridizos y racheados vientos que Eolo enviaba malhumorado hacia aquellas costas. El descenso había sido completamente en vano, ya que la pesca en esas condiciones era más que inviable.
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Primera puesta elegida: pescable pero con
demasiado viento |
Esta situación se repitió hasta en dos ocasiones más, provocando desánimo y pesadumbre. Entonces se sentó y contempló el paisaje que ante sus ojos se extendía. Observó aquella gran belleza disfrazada de adjetivos desapacibles e hizo memoria, llegando a encontrar entre sus recuerdos una antigua anécdota que un viejo pescador le había narrado hacía mucho tiempo y que describía un lugar ya abandonado a su suerte, pero que en condiciones similares a las que veía ante sí, tenía proporcionado grandes momentos de gloria a los pocos elegidos que lo conocían.
La senda estaba tan cubierta de espinas y matorrales, que a cada paso nuevos arañazos tatuaban su piel, pero la ilusión de poder superar las dificultades de aquella jornada, era mucho más fuerte que cualquier pinchazo. Tardó más de una hora en llegar a la orilla del mar, pero por fin, allí estaba, en uno de esos sitios mágicos que te hace sentir especial por ser el primero que lo pisas en lustros.
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El resultado de una bajada llena de espinas |
Abrió su mochila y comenzó a macizar la zona con sardina triturada, preparó lentamente caña y carrete, colocó la gamba en el anzuelo y lanzó el aparejo al agua. En menos de 30 segundos ya sintió la primera picada. Se trataba de un gran sargo que ocasionó una pelea cuanto menos dura y tensa, ya que el lugar estaba plagado de rocas donde podía esconderse e intentar tazar la línea, pero terminó sucumbiendo al esfuerzo y mostrando ese color negro en su cuerpo característico de aguas profundas que tanto gustan a los grandes ejemplares. Tras él vino otro...y otro... y otro...y otro más. Todos de gran porte y a razón de sargo por gamba. Pero de repente...nada...el silencio...ni otra picada...
Fué en ese preciso momento, cuando algo sobresaltó al afanado pescador. Algo lo observaba desde el agua. Estaba seguro pero... qué podía ser eso que aparecía y desaparecía de las profundidades? Acaso las leyendas que le habían contado de criaturas marinas eran ciertas??
Después de observar un rato, pudo identificar entre las olas unos ojos que le miraban fijamente. Se trataba de una juguetona nutria que parecía querer interactuar con él. Y entonces entendió ese parón en las picadas y que seguir pescando en ese lugar ya era tarea inútil.
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Foto de la juguetona nutria que andaba rondando |
Al final, la jornada terminó con 8 magníficos peces en el cubo. Pero pese a que la pescata no era digna de ser contada en sus "fabulescas" narraciones, la sensación de victoria de nuestro protagonista se reflejaba en su sonrisa, ya que era sabedor de que se había superado a sí mismo y a todas las dificultades que había encontrado.
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Resultado final: 8 trabajados sargos |
Tal vez hoy no había escrito una historia épica en los diarios de pesca... tal vez hoy el caprichoso destino le había negado ese protagonismo... pero aún así... tal vez hoy... había recorrido una porción de ese sendero tan importante que le llevaría al objetivo final de ser mejor pescador.
Un saludo y buena pesca.